En el mundo de la discapacidad, mayoritariamente vemos que los caminos los transitan las mujeres: las madres.  Es común ver cómo salen adelante y cómo, pese a la incertidumbre, siguen sosteniendo la maternidad contra viento y marea, respondiendo a las adversidades de los momentos, ciclos y circunstancias con las que se convive a diario cuando se es madre de un niño con discapacidad.

La vida de una madre especial transcurre entre visitas al médico, salidas repentinas al hospital, reuniones con especialistas; momentos de aflicción y desesperación, noches de desesperanza y preguntas sin respuestas. Puerto Montt tiene esa habilidad de hacer que la lluvia, en las noches de temporal, limpie todas aquellas situaciones, inyectando energía y fuerza para continuar el camino. Estas madres logran resistir los combates de la soledad y la crianza especial, saliendo victoriosas en la labor emprendida.

Las vemos en las calles trasladando a sus hijos, llevándolos a las escuelas, a sesiones con especialistas, en las consultas médicas, y en un sinfín de actividades, que la gran mayoría de las veces están vinculadas con las necesidades de sus hijos.

Estas madres aceptan el desafío de hacerse cargo, pese a lo difícil o complejo de la labor. Tarea que muchas veces puede parecer exhaustiva, agotadora o inclusive con grandes dosis de estrés, pero siguen ahí, luchando cual guerrera en un combate de los más duros.

Son mujeres y madres de una fortaleza envidiable. Les ponen el hombro a la adversidad y luchan sin descanso por el bienestar de sus hijos. Este es el lado valeroso de la discapacidad. Ver mujeres como éstas que, pese a todo, saben que lo mejor para ellas mismas es estar al lado del nido, de sus hijos; cuidándolos, acompañándolos y aprendiendo junto a ellos.

Mujeres comprometidas, alegres, valientes y generosas, que muchas veces dejan de lado sus proyectos personales por brindar lo mejor de ellas mismas en el camino de la crianza y el acompañamiento diario. Reconocen y saben que la vida es un continuo, y que nada, ni nadie les puede robar las sonrisas de sus hijos con cada logro obtenido.

Son las que, por muchos años, han promovido la inclusión social, abriendo las puertas de diferentes espacios educativos para que sus hijos logren participar en igualdad de oportunidades, como cualquier estudiante. Estas mujeres son sabias, se ayudan entre ellas, forman asociaciones o agrupaciones y son las gestoras de los grandes movimientos sociales en favor de las personas en situación de discapacidad en nuestro país.

Es por esto que, queremos que todas estas madres especiales, este día y en los otros 364 restantes, reciban el amor más sincero que una madre puede recibir, que es: la sonrisa, el abrazo y la mirada de sus hijos transmitiéndoles un gracias y un te amo mamá.