Solidaridad no es simplemente otra palabra para referirse a una preocupación constante del Padre Hurtado. Es un valor que nos ayuda justamente a conocernos. ¿Hay muchos países, si acaso hay otro, en que se destine un mes a reflexionar sobre este valor?

En nuestra región existe una brecha impresentable entre la vida de los que más tenemos y la realidad de las mil personas que viven en pobreza extrema. Es una desconexión cotidiana tan profunda que impide imaginarnos qué significa vivir en calle, sin baño ni agua potable a la mano o tener que vivir con una pensión básica “solidaria” de poco más de 100 mil pesos mensuales. El que no lo ha sufrido, no lo sabe. No puede saberlo.

La solidaridad nos ayuda justamente a conocer. El que cultiva este valor ya no le puede hacer la desconocida a algún “cualquiera”, porque  lo ha convertido en su prójimo, palabra que viene de “próximo”. Así, la solidaridad hace que la justicia no sea sólo una cuestión jurídica, sino que repara el daño que engendran las violencias, los prejuicios, las inequidades que viven las 100 personas en situación de calle en Coyhaique. Es un asunto moral.

Por eso durante este Mes de la Solidaridad te queremos invitar a no hacernos más la desconocida unos a otros. Nuestra manera de unirnos será mediante una misa en conmemoración al padre Alberto Hurtado, un hombre que jamás le hizo la desconocida a nadie. Te invitamos a asistir este próximo domingo 18 de agosto a las 11:00 horas, en la Iglesia Catedral de Coyhaique.

 Francisco Lara, Jefe de Operación Social de Hogar de Cristo en Aysén