Durante los últimos 25 años ha ocurrido un aumento exponencial del fenómeno inmigratorio en Chile, el cual no solo ha involucrado a adultos en búsqueda de mejores condiciones de vida y oportunidades, sino también a niños y adolescentes en edad escolar. Pero, ¿estamos preparados para recibir a familias extranjeras? En la actualidad, aún no existe un registro claro de todos, ni política migratoria que vele, en particular, por las necesidades de los nuevos niños y niñas de Chile.

El concepto de inclusión implica la presencia, participación y aprendizaje de todos los sujetos pertenecientes a una comunidad educativa. Sin embargo, y de acuerdo a la actual realidad del sistema educacional chileno, esta inclusión presenta muchas barreras. Una de ellas es que, como política de Estado, no existen lineamientos que orienten a las escuelas frente a esta nueva realidad, razón por la cual, tanto docentes como no docentes, generalmente con pocos recursos y herramientas, han asumido el desafío de crear estrategias innovadoras para generar la verdadera inclusión en sus escuelas que ahora son multiculturales.

Es así como la presencia de niños y niñas inmigrantes tensiona diversos aspectos de la vida en las escuelas y liceos, incluyendo las relaciones entre estudiantes, el clima de convivencia y las propias prácticas pedagógicas. Y es que la atención educativa que se ofrece a niños inmigrantes es actualmente un reto para los profesionales, especialmente para quienes trabajamos enfrentando las barreras comunicativas derivadas de la falta de familiaridad con el ambiente. Por ejemplo, ¿cómo abordar a un niño haitiano cuyo idioma materno es el creole?, ¿podemos definir, acaso, que un niño o niña (de cualquier nacionalidad) presente un bajo desempeño en evaluaciones, simplemente por no conocer el vocabulario utilizado?

Frente a esto, es evidente que, en poblaciones cultural y lingüísticamente diversas, la utilización de métodos de evaluación o terapéuticos tradicionales, conllevan a una serie de errores importantes. Las personas de culturas y características lingüísticas distintas a la convencional, pueden presentar un bajo rendimiento en pruebas estandarizadas para niños chilenos, sin que este aparente “bajo desempeño” refleje su real habilidad o potencial de aprendizaje. Es entonces, para estos sujetos, que los profesionales insertos en el sistema educativo, debiéramos ser capaces de usar métodos y procedimientos apropiados para diferenciar si existe un trastorno o una necesidad comunicativa derivada por factores lingüísticos, culturales o sociales, y a partir de ello, implementar las estrategias que mejor se adecuen a las necesidades de niños inmigrantes y sus familias.

La inmigración, por tanto, es una oportunidad que debe ser valorada para generar ambientes educativos diversos, más tolerantes y en los que la multiplicidad de historias de vida sirva para enriquecer la experiencia educativa de todos los niños y niñas que asisten a ella. Junto a lo anterior, la inmigración plantea también desafíos en el ámbito académico y de investigación, a partir de los cuales, se genere nuevo conocimiento y políticas públicas que aborden estrategias para avanzar en la inclusión de estos niños y niñas, logrando que ellos accedan a las oportunidades educativas que el país brinda, en un marco de respeto a la diversidad que representan.

Loreto Grandón Gajardo
Docente de Fonoaudiología
Universidad San Sebastián, sede De la Patagonia.