Citando el nombre de la famosa y conocida obra de Gabriel García Márquez, luego de todo lo ocurrido en nuestro país estas últimas semanas, es importante dedicar unas líneas para hacer un llamado a la paz.

Sin duda hay un antes y un después en nuestro país desde el 18 de octubre de 2019, y los hechos dan cuenta de que así quedará escrito en la historia. No obstante lo anterior, lo que debe quedar como símbolo de ese antes y después, es el clamor de una sociedad que abierta y pacíficamente manifestó fuerte y claro el descontento por las desigualdades e inequidades que durante años han afectado a nuestro país.

Es una manifestación de un descontento generalizado, que nos llevó a detenernos como sociedad y mirar con humildad, profundidad y compromiso, la imperiosa necesidad de terminar con las desigualdades e inequidades, donde transversalmente todos debemos ser capaces de empatizar y trabajar en conseguir ese objetivo.

Por lo anterior, no permitamos que lo que quede en la historia sea el recuerdo de la repudiable y condenable violencia y odio, con la que grupos aislados están destruyendo nuestro país. No permitamos que sea esto lo que se recuerde, por sobre un grito fuerte y claro de nuestra sociedad, que en forma pacífica manifestó su descontento.

Debemos avanzar, ser capaces de dejar atrás el odio y violencia con la que grupos aislados han destruido nuestro país, y asimismo, atemorizan a todos quienes condenamos y no queremos ningún tipo de violencia, y más delicado aún, vulneran, restringen y nos privan de nuestros derechos fundamentales como el derecho a la vida, a la integridad física y síquica, a la libertad personal y seguridad individual, educación, salud, libertad de trabajo, propiedad, entre otros.

Este es el momento de demostrar la voluntad real de todo un país que sacó la voz, de condenar la violencia en todas sus manifestaciones, de condenar el aprovechamiento de grupos aislados que incitan al odio a través de la violencia, y principalmente, generan un caos que en ningún caso tienen como objetivo superar las desigualdades y lograr un cambio social.

Es tiempo de construir un nuevo Chile. Es tiempo de humildad, de generosidad, de amistad cívica, y principalmente, de una actitud pacífica para trabajar y enfocarnos en materializar el gran cambio social que estamos llamados a hacer, con ideas, propuestas, y diálogo, para lograr un avance real para terminar con las desigualdades, inequidades y abusos, donde la clase política debe -transversalmente-, estar a la altura de lo que el país necesita.

Es tiempo de salvar nuestra democracia, es tiempo de paz. Es momento de amor en tiempos de cólera.