Yonathan Fuentealba Contreras
Director Escuela de Liderazgo
Universidad San Sebastián, sede De la Patagonia

El mundo colapsa con una pandemia que ha azotado la concepción generalizada de una sociedad arquetipo. Incluso, antes de ésta, situaciones de crisis y conflictos en el ámbito social movieron la aguja hacia problemáticas difíciles de manejar: conflictos interpersonales, entre la sociedad misma, crisis económicas, Estados completamente en jaque y sistemas como diversas organizaciones tratando de modificar sus elementos -entropía- para no causar una explosión de niveles cósmicos, presenta un panorama no muy alentador, con desafíos lo suficientemente complejos en los que no se permiten liderazgos que improvisen.

Y es que liderar es una tarea compleja. Para muchos se reduce a su definición consensuada entre varios autores: tener la capacidad de influir sobre las demás personas. Esta definición para nada es errada; es bastante acertada, pero insuficiente para explicar esta habilidad transversal que requiere de varios elementos para hacerse efectiva.

En tiempos de crisis no se permiten líderes improvisadores, sino que personas capaces. Y lo primero que debemos entender es que las personas llamadas al liderazgo requieren de una formación integral para desempeñarse como tal; algo olvidado por la gran mayoría -no agregando nada nuevo a lo que ya se ha escrito- es que se necesita una sólida formación de la consciencia en los parámetros freudianos, y elemento importante de ellos es la virtud del pensamiento o la razón como lo propuso Aristóteles.

Esto significa que, la base de todo líder tiene que ver con un cambio de pensar más que con un banal cambio de conductas aparentes, lo que para los griegos era la metanoia. Es decir, el liderazgo debe primero ser una convicción personal arraigada en fuertes principios y valores éticos que no solo definan los parámetros morales del buen actuar, sino que también de establecer objetivos razonables. Es encontrar el por qué lideramos.

Por otra parte, sin duda que para enfrentar momentos críticos es necesario que los líderes posean recursos como el conocimiento, necesario para desempeñarse, siempre en búsqueda de la verdad; evitar los fake news, no tener opiniones sesgadas o radicalizadas desconociendo la información, evitar el uso de recursos indebidos y la relativización de los hechos objetivos, son requisitos necesarios para que el conocimiento sea fructífero y no perjudicial.

Resulta fundamental que los líderes del siglo XXI desarrollen habilidades transversales, conocidas como soft skills o habilidades blandas, lo que le permite tener un alto valor agregado. El liderazgo, sumado a la empatía, la resolución de conflictos, el control de la ansiedad, la comunicación efectiva, entre otras habilidades, permitirá no solo ejercer un liderazgo más apto, sino que potenciar los llamados “High Performance Teams” o equipos de alto desempeño.