Sí, hemos demorado algunos días en expresar en público y como colectivo, nuestros sentimientos ante el fallecimiento de Antonio Horvath Kiss. El amigo, ex senador, aysenino (de alma), político, ciudadano, líder, el ser humano de carne y hueso. Así como sabemos que la historia se construye con obras, también tenemos claro que son los mensajes los que van delineando el derrotero que luego se convertirá en acciones.

Somos Aysén nació, en parte importante, gracias al impulso de Antonio junto a muchos otros hombres y mujeres de esta tierra.

Su visión sobre la descentralización urgente en nuestros días, un regionalismo como fortalecimiento de la democracia con profundo sentido humano; su absoluta convicción de un desarrollo armónico –¿cuántas veces no usó esa palabra?- con las personas y la naturaleza, que es la ética de la vida.

Fue gracias a su transversalidad que logró convocar a muchos y muchas, que nunca antes habían participado en política contingente, o que incluso lo habían hecho desde las veredas de la izquierda, el centro o la derecha tradicional. Porque los temas que para este grupo eran esenciales, no estaban presentes, con la relevancia esperada, en otras tiendas. No un partido mejor ni con intereses hegemónicos, simplemente otra legítima opción. Una que sigue presente hoy, luego de los cambios al sistema electoral, en la Federación Regionalista Verde Social de la cual fue uno de sus impulsores.

Así era Antonio, un político amable, de mirada transversal y consecuente. Lo era tanto en el sillón parlamentario así como en la barricada, caminando al borde de un río, bajo un árbol, tomando mate en su Patagonia o en Santiago, limpiando un pescado en el cumpleaños de algún amigo o amiga, siempre cuando el tiempo se lo permitía. Atendiendo a sus hijos, especialmente a los más chicos, en el cine una tarde de domingo en Viña, guardando y difundiendo la memoria, enojándose con la injusticia, siempre proponiendo ideas nuevas, haciendo grande Aysén, su tierra, la que tanto vivió y amó.

Y también en terreno, porque era un todo terreno. Al igual que ese otro ser inolvidable que alguna vez recorrió pampa y litoral, y que escogió Aysén como su hogar: el padre Antonio Ronchi Berra, quien le nombrara su albacea. Ha sido gracias a la Fundación que el ex parlamentario presidía y que lleva el nombre de su querido “cura rasca”, que han podido sobrevivir las escuelitas de Puerto Gala y Puerto Gaviota. Hoy estos tremendos Antonios deben estar juntos, recorriendo los senderos espirituales del Camino Longitudinal Austral, del cual también quien recién ha partido fue uno de sus puntales.

Y sí, no tenemos contrariedad en manifestar que somos un grupo de personas que te siguió querido Antonio, tomando la ruta del sur que nos contagiaste. Bajo la Cruz del Sur.

La ruta por la descentralización de nuestro país y de nuestra región, por hacer del ordenamiento territorial una herramienta vinculante a través de la participación ciudadana, por pensar a largo plazo en materia energética, una matriz diversificada para una política energética regional donde la autogeneración, la aislación y la eficiencia tuvieran un espacio mayor.

Seguiremos aportando dispersos como estamos –y hemos decidido- en el territorio de Aysén, desde la cuenca del Palena a Villa O’Higgins y también desde el ámbito político, por un modelo de desarrollo distinto, a escala humana, pensando en la sustentabilidad. Porque este grupo de personas en torno a Somos Aysén nos comprometemos a seguir trabajando para que tu mirada, y la de tantos y tantas, siga avanzando para ser una realidad, para nosotros los habitantes de este Aysén que todos admiramos y protegemos, de Chile y el planeta también.

Hoy es momento de tristeza, mañana será tiempo de trabajar sin olvido. Estamos convencidos de que la mejor y más apropiada forma de honrar tu legado y tu memoria será seguir bregando por las causas que abrazaste. Causas inconclusas, pero que gracias a ti hoy están un paso más de hacerse realidad.

Porque, como dice el texto que culmina la declaración de principios de Somos Aysén, recordando ese posible anuncio atribuido al explorador Sir Ernest Shackleton al convocar a reclutas para un viaje a la Antártica: “Se buscan hombres (y mujeres) para viaje un peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. Y, como hemos afirmados, nuestro éxito será construir, en cada jornada, un Aysén y un Chile mejor.

Estamos ciertos que nos seguiremos encontrando en ese camino, porque ese camino nos pertenece.

Descansa en Paz, querido Antonio