Cada 10 de septiembre, se conmemora el Día Internacional para la prevención de suicidio y a partir de este espacio, queremos acercarnos a la comunidad, con reflexiones que permitan generar conciencia de este problema de Salud a nivel mundial y que, como región, nos afecta de manera importante.
Aysen.- A nivel mundial, en el periodo de un año se suicidan alrededor de un millón de personas, lo que significa finalmente, que existe un suicidio cada 40 segundos. Además, reportan fuentes oficiales como la Asociación Internacional para la Prevención de Suicidio, en concordancia con la Organización mundial de la salud, que, por cada un suicidio consumado hay 20 intentos. Por su parte, el suicidio constituye la segunda causa de muerte en el rango etario que va de los 15 a 29 años.
Nuestros datos locales son igual de alarmantes y nos interpelan como Red Asistencial, en tanto constituyen un problema sanitario que ha caracterizado en Salud mental a la Región de Aysén.
Hasta el 2016, la tasa de suicidio en ambos sexos presentó una estadística de 17,77; mientras que a nivel país la tasa era de 9,27 es decir que, la región de Aysén casi duplica la tasa nacional en muertes por esta causa. Esta cifra, medida en tasa ajustada resulta un indicador inequívoco que la región tiene un problema sanitario que debe abordarse intersectorialmente, pues está medida en la proporción de 100.000 habitantes, es decir, prácticamente la población total del territorio.
Los indicadores este último año no son alentadores, y menos aún, al observar las consecuencias en Salud Mental que nos ha instalado el contexto de pandemia, En el periodo de enero a septiembre del presente año hemos lamentado 10 muertes por esta causa, en un rango de edades que va desde los 17 a 63 años, por su parte se han notificado 28 intentos de suicidio en el mismo periodo, en rangos desde los 6 a 28 años.
Los equipos de salud mental y salud general de la red, especialmente en Atención Primaria, han extremado esfuerzos para llegar a tiempo en la pesquisa de riesgo suicida, esta oportunidad, pensamos, tiene directa relación con que los equipos ambulatorios, conocen a las personas que acompañan en sus procesos de tratamiento, así como la información que nos reporta la línea 6003607777 de Salud Responde, permitiendo al equipo de la Unidad de Salud Mental identificar a las personas afectadas y exigiéndonos, estar disponibles para realizar las coordinaciones necesarias en virtud de lograr acceso más fluido y expedito a los dispositivos.
El conocimiento que podemos tener los equipos de salud no sirve de nada si no es compartido con todo el tejido social, como tampoco sirve, para resolver el problema, levantar estrategias sanitarias que no incluyan interculturalidad, perspectiva de género, diversidades, disidencias, enfoque de derechos, entre otros. Creemos profundamente que las circunstancias de esta pandemia constituyen una oportunidad valiosa que nos obligó a parar y nos invita a mirar a quienes nos rodean y a nosotras/os mismas/os, con empatía, respeto, solidaridad e interés genuino de comprender a quienes, en algún momento, pudiéramos llegar a sentir miedo, frustración, desesperanza.
Cuando hablamos de suicidio, debemos considerar que los síntomas de una patología de salud mental, por ejemplo, a veces no aparta de la posibilidad de ver el sufrimiento vital (que vive y siente solo aquel/aquella que lo padece), por lo que es muy importante estar atentos para que el tratamiento de los síntomas, no se lleve toda la atención terapéutica y no quede en la sombra la búsqueda de soluciones y sentido a los problemas biográficos. Los signos y síntomas que acompañan el fenómeno suicidal, son el emergente clínico del conjunto de situaciones que ahogan contextualmente a una persona, en su lucha por hacer su vida y salir adelante, es decir, que el suicidio, antes de ser un problema clínico es un drama existencial y naturalmente, nadie quiere abandonar la vida mientras sea valiosa y exista esperanza. En clínica psicopatológica, el suicidio rara vez es el resultado de un deseo primario de morir, sino más bien, se configura en la persona afectada como la “única” salida visible para terminar con el sufrimiento intolerable, que encuentra solución en el vacío y la soledad que acompañan estas ideas, pero una solución sin retorno no es una solución. La mayoría de las personas que han intentado suicidarse y que han logrado salir de la tormenta, refieren que no querían morir, sino vivir mejor.
Ps. Andrea Fuentes Villalobos
Referente suicidio USM SSA