Organizaciones populares de “ollas comunes” de Puerto Aysén y Chile Chico recibieron en coordinación con la pastoral social del Vicariato Apostólico de Aysén, y gracias a la campaña nacional de Caritas Chile “Nadie se salva solo”, ayuda en alimentos que aportarán al almuerzo diario de muchos de sus vecinos afectados económica y sanitariamente debido a la actual pandemia.
Aysen.- Así lo relata Ximena Ruíz, integrante de la organización social y cultural Solidaria de Puerto Aysén de la sede de la junta de vecinos del sector Pedro Aguirre Cerda: “Partimos en marzo justo cuando inició el tema de la pandemia en Chile. Con un grupo de amigos empezamos a cocinar por necesidad de los mismos vecinos, porque los abuelitos no podían salir a la calle y todos estaban con mucho miedo”.
“La necesidad en nuestro sector es grande —agrega Ximena— porque el 80 por ciento de las personas que viven aquí son adultos mayores. Los hijos se fueron y ellos se quedaron y muchos de ellos están recibiendo el almuerzo”.
“Nosotros —explica— los hacemos con harto cariño y empeño, y lo hemos podido sacar adelante. Ha sido, también, un aprendizaje y no nos va a detener la pandemia”.
Respecto a la ayuda recibida desde la Iglesia de Aysén, Ximena expresa que “siempre hay mucha gente que nos ayuda. Y hoy día nos encontramos con una grata sorpresa del Vicariato y Caritas Chile que nos hacen un importante aporte a nuestro comedor. Nos dejaron sin palabras, con una alegría inmensa y un gran agradecimiento”.
Esta olla común en Puerto Aysén funciona tres veces a la semana con un estricto protocolo sanitario. Desde las nueve de la mañana trabajan solo dos personas que preparan pan amasado, almuerzo y postre que a las doce del día entregan a otro voluntario que aporta con su vehículo para a hacer llegar este sustento a 50 adultos mayores, algunos de ellos solos o postrados.
Otra de las voluntarias en Puerto Aysén es Pola Bustamante, profesora jubilada. “En mi ADN —dice— tengo el valor de la solidaridad muy metido en el corazón”. Y reconoce que se siente “súper contenta con esta agrupación porque hay un orden y planificación que se cumple al pie de la letra”.
Al reflexionar sobre su servicio confiesa: “Siento nostalgia. Tengo mis buenos años y a mí me tocó ver ollas comunes especialmente con los profesores. Me da pena que tengamos volver a vivir esto. Pero si no hay ollas comunes la gente no come. El hambre existe, está presente. Otra cosa es que se quiera esconder”.

Cambios para Chile
Ante la realidad actual Pola dice: “soy de esas personas que quieren que esto cambie. Y seguramente hay una sola forma de hacerlo: creo en plebiscito, perdonen que lo diga, yo apruebo. Creo que es la única manera de que en Chile exista un cambio. No hay otra posibilidad. Yo no quiero más “ollas comunes” que aquí llamamos delicadamente “almuerzo solidario”.
“Esto —insiste— es una olla común. Porque aquí está el apoyo de mucha gente que muchas veces no tiene para la semana, pero es capaz de pasar a dejar un kilo de zanahorias, de cebollas, con mucho amor. Tengo una pensión miserable pero sí tengo que sacar platita de mi bolsillo para algo la saco y doy con amor. Como digo la única forma que tiene Chile de cambiar es a través del plebiscito, y creo que la gente tiene que pensar, ponerse la mano en el corazón. Nadie quiere ollas comunes porque a todos nos gustaría estar en nuestra casa compartiendo un plato de comida por muy humilde que sea. Pero no se puede. La pobreza está y por eso estamos acá”.
Estos gestos de solidaridad y apoyo a la organización popular en Puerto Aysén y Coyhaique se suman a muchas otras iniciativas de anónimas de la Iglesia local, algunas de ellas presentes por años, que desde las más 60 comunidades de todo el Vicariato Apostólico de Aysén tienden una mano y acompañan a muchos hermanos y hermanas en la región, en especial los más pobres y vulnerables.